El River Plate superó 2-1 a Boca Unidos y es líder del Nacional B
La paz interior, la unión del grupo, las actividades recreativas, los paseos en lancha para despejar la mente y alimentar el espíritu. Particularidades que buscó el plantel de River al realizar una concentración, durante dos días, en un hotel y spa, en el Delta del Tigre. La idea del cuerpo técnico para que los futbolistas no sufrieran la presión de los hinchas, y también para no repetir las malas experiencias del pasado reciente, ése que terminó con el descenso a la primera B Nacional , entregó lecturas impensadas en el Monumental, donde River se impuso agónicamente 2-1 sobre Boca Unidos, de Corrientes. Los vaivenes emocionales, la escasez de juego, los errores defensivos, el pánico escénico, provocan que el análisis deba enfocarse en varias aristas. Hay una realidad incontrastable, el éxito le posibilitó dar un paso inmenso en el objetivo trazado, ése que sólo sabe de ascender. Pero las diferentes estaciones por las que transita el equipo en un encuentro, y fueron varias a lo largo del campeonato, invitan a pensar que River, en su totalidad, desde los hinchas hasta los jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, es un caso para ser analizado por psicólogos.
Cuando el grupo más necesita del sosiego, desde las tribunas los simpatizantes envuelven a los jugadores en una bola incendiaria. Cuando el equipo aspira y precisa enseñarse como tal, quedó en evidencia que las sociedades no asoman y todo se resuelve con acciones individualidades. La responsabilidad por alcanzar algo que se impuso como una obligación, debido a la grandeza y a la historia, no todos los protagonistas la pueden soportar. Así, River, puntero desde los números, no logra tener paz, no puede despojarse de los miedos, esos que lo persiguen desde hace un largo tiempo. La cabeza de los jugadores corre a una velocidad inimaginada, y la aceleración se traduce en lo que se enseña en el campo de juego. Los líderes futbolísticos, aquellos que se presentan como referentes para la gente, como Cavenaghi y Domínguez, están en baja; Trezeguet resultó la guía en el semestre actual, y aunque ayer estuvo descalibrado, fue la pieza que mejor entendió, al igual que Ponzio, cómo debe afrontar River estos partidos. El resto, por pecados de juventud, por observarse excedidos por la responsabilidad, se enreda en el juego, generan dudas, cometen errores incalificables.
Con todas esas singularidades, River se presentó como una estructura avasallante en ataque y ante los correntinos apostó a cuatro delanteros, con Villalva retrasado sobre el sector izquierdo. El planteo audaz hizo que se desprotegiera sin necesidad, y sufriera. La incapacidad de Visconti, Nuñez y Danelón frente al arco rival le privaron a Boca Unidos de ser el único conjunto en quitarle los seis puntos. Algunas decisiones del árbitro Maglio -debió expulsar por doble amonestación a González Pirez- le jugaron a favor. River se empecinó en repetir fallas: después de ponerse en ventaja se aflojó; llegó el empate visitante, los insultos, la desazón, la furia... Y un antiguo reprobado por la gente, como Rogelio Funes Mori, resultó el héroe de una jornada en la que River, después de ser protagonista de tantas desventuras, siente que ya tiene casi todo listo para ascender.Vea los goles de este partido 
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Cuando el grupo más necesita del sosiego, desde las tribunas los simpatizantes envuelven a los jugadores en una bola incendiaria. Cuando el equipo aspira y precisa enseñarse como tal, quedó en evidencia que las sociedades no asoman y todo se resuelve con acciones individualidades. La responsabilidad por alcanzar algo que se impuso como una obligación, debido a la grandeza y a la historia, no todos los protagonistas la pueden soportar. Así, River, puntero desde los números, no logra tener paz, no puede despojarse de los miedos, esos que lo persiguen desde hace un largo tiempo. La cabeza de los jugadores corre a una velocidad inimaginada, y la aceleración se traduce en lo que se enseña en el campo de juego. Los líderes futbolísticos, aquellos que se presentan como referentes para la gente, como Cavenaghi y Domínguez, están en baja; Trezeguet resultó la guía en el semestre actual, y aunque ayer estuvo descalibrado, fue la pieza que mejor entendió, al igual que Ponzio, cómo debe afrontar River estos partidos. El resto, por pecados de juventud, por observarse excedidos por la responsabilidad, se enreda en el juego, generan dudas, cometen errores incalificables.
Con todas esas singularidades, River se presentó como una estructura avasallante en ataque y ante los correntinos apostó a cuatro delanteros, con Villalva retrasado sobre el sector izquierdo. El planteo audaz hizo que se desprotegiera sin necesidad, y sufriera. La incapacidad de Visconti, Nuñez y Danelón frente al arco rival le privaron a Boca Unidos de ser el único conjunto en quitarle los seis puntos. Algunas decisiones del árbitro Maglio -debió expulsar por doble amonestación a González Pirez- le jugaron a favor. River se empecinó en repetir fallas: después de ponerse en ventaja se aflojó; llegó el empate visitante, los insultos, la desazón, la furia... Y un antiguo reprobado por la gente, como Rogelio Funes Mori, resultó el héroe de una jornada en la que River, después de ser protagonista de tantas desventuras, siente que ya tiene casi todo listo para ascender.





