04 septiembre 2016

Tal vez los jugadores de la selección ecuatoriana no entienden al técnico

Brasil nos dio un baile sonoro en la altura de Quito (0-3) e hizo añicos el argumento de que ahí nuestra Selección es inderrotable. No sé si será hora de revisar ese recurso impuesto como verdad irrefutable por el anterior presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) y defendido a capa y espada por el ‘círculo rosa’ del periodismo adicto, que no está en desbandada como creen muchos. Está en plena vigencia. El jueves pasado el mismo ‘analista’ que pidió en una radio que levantemos un monumento al expresidente de la FEF, dijo en la TV que “el partido en el primer tiempo fue muy equilibrado. Ecuador fue ligeramente superior y debió irse en ventaja”.

Al final adujo que la Tricolor no había jugado mal y que era necesario pasar la página para pensar en Perú. Franeleo puro que debe tener su costo.
Tal como ocurrió en la Copa América Centenario la Selección, ante Brasil, fue el paradigma de la confusión. Los jugadores siguen sin saber a qué juegan. Nadie entiende cuál es la planificación del partido. Si arrancamos de la base de que el director técnico de Ecuador es infalible y que en nuestro país no existe una persona que esté a la altura de su sapiencia, tal vez debamos empezar a buscar las razones del derrumbe en la circunstancia penosa de que los futbolistas no le entienden al entrenador; no están a la altura de su ciencia. Lo mismo le ocurría a Albert Einstein, según leí en un viejo ejemplar de la revista Selecciones. En su juventud, el famoso físico fue despedido de la pequeña escuela donde ejercía de maestro. ¿La razón? Quería enseñar su teoría de la relatividad a los niños que no estaban preparados intelectualmente para entenderla. Einstein y nuestro técnico: dos casos para el análisis.
A veces es necesario usar el recurso del gesto, la seña, el grito, el carajo estentóreo para hacer notar un error a los futbolistas, o cambiar un asunto táctico. Nuestro técnico no siempre puede hacerlo porque sufre expulsiones ‘injustas’ como la de la Copa América, cuando reclamó con expresiones ‘amables’ al árbitro por una decisión de juego. El jueves estaba en los palcos usando un radiotransmisor. No me sorprendería que sus asistentes técnicos tampoco captaran su idea. ¡Qué dilema para un profesional tan valioso!
Vi los partidos en unión de mis consocios de la Asociación Barcelona Astillero. Dijimos que los brasileños se achican en la altura y que la auriverde ya no es la misma de otros tiempos. Nos sorprendimos del rendimiento visitante en la primera etapa. “Los abrochamos en la segunda”, señaló el popular River, que preparaba su caricatura con Neymar en el piso del Atahualpa, desmayado por la falta de oxígeno, y Carlos Gruezo pasándole por encima. Julito Jurado nos contó que un comentarista había sentenciado en un micrófono: “El secreto está en no marcar goles en el primer tiempo. Sería un error táctico. Los goles hay que hacerlos en el segundo tiempo cuando los brasileños no puedan levantar los pies”. Xavier Arce y Telmo Aguiñaga aseguraron, ante mi incredulidad, haber oído también ese consejo científico-táctico. Nuestros jugadores le obedecieron. Solo una vez se acercaron al marco de Allison. “Ahora viene lo bueno”, gritó Roberto Serrano cuando empezó la segunda etapa. ¡Oh, sorpresa! El que corría, marcaba, controlaba el balón y contragolpeaba era Brasil. Los nuestros se ahogaban. “¿Y cuándo es que van a cansarse los brasileños?”, gritaba Ernesto Landín. Nunca, parecían responderle Neymar, Gabriel Jesús y Willian, reemplazado por Phillippe Coutinho, quien nos hizo ver la inutilidad de todo nuestro medio campo.
Neymar, el astro de la selección de Brasil, nos dio una lección de calidad y compromiso con su equipo. Nuestro ‘astro’, Antonio Valencia, miraba el partido desde un palco después de su expulsión en la Copa Centenario por agredir a un rival sin excusa posible. Dos jugadores y dos conductas con la camiseta de su país.
Jefferson Montero sigue siendo un malabarista de feria, no de fútbol. Cintura, desborde y balón a ninguna parte. Ya lo dijimos en otra columna y el genio nos respondió que éramos estúpidos e idiotas. No pretendemos estar a la altura de su sabiduría (sería una irreverencia), pero guardamos la esperanza de que en algún momento aterrice desde el Olimpo en que mora y nos diga por qué no está Librado Azcona en el arco y por qué Gruezo es mediocampista y no Jefferson Orejuela, quien es técnicamente superior y, además, juega en la altura.
Jugar en Quito significó alguna ventaja en momentos en que nuestros futbolistas actuaban en la altura. El jueves diez eran del llano. Nos hemos impuesto nosotros mismos la condición de visitantes. Brasil tenía siete futbolistas que acababan de conseguir la medalla de oro olímpica. Estaba en plena forma. En nuestra escuadra gateaban Enner Valencia, Montero, Felipe Caicedo, Miler Bolaños y otros referentes.
Un caso especial es el de zaguero Arturo Mina. Nadie puede negar sus condiciones físicas, su velocidad, su manejo del cabezazo defensivo. Pero tiene un problema que se relaciona con los fundamentos, con lo que se aprende al inicio de la carrera. El 31 de julio pasado, en esta columna, al referirme a Independiente del Valle, escribí: “En las finales pareció conmocionado por la responsabilidad extrema de llegar tan alto. Su mejor figura, su líder, Arturo Mina, cometió serios errores en los dos duelos con Atlético Nacional. Uno de ellos costó un gol en Quito, pifió balones que pudieron ser costosos, falló en el mano a mano, lo que parece ser un defecto constante. Miguel Borja lo superó varias veces”. Transferido a River Plate, debutó el 13 de agosto en un amistoso con Tigre. El diario deportivo Olé lo juzgó así: “Mal con los pies y pagando en el segundo tanto rival, tampoco ofreció garantías en el mano a mano (…). River debe corregir urgente los errores. O si no, hay peligro: le puede explotar una mina en la cara”. Frente a Brasil Mina volvió a cometer un grosero error en el marcaje de Gabriel Jesús, que terminó en un penal y el primer gol de Brasil.
Ahora viene Perú, que acaba de caer ante Bolivia. Ecuador deberá ganar para no alejarse de la zona de clasificación. El pesimismo es generalizado, a excepción de los integrantes del ‘círculo rosa’. No me extrañaría que el mismo microfonista y pantallero que exigió el monumento para el expresidente de la FEF pida que este regrese, aunque sea con permiso especial, para que haga las convocatorias y alinee al equipo como ocurría en tiempos del Bolillo.
fuente; eluniverso.com
  • periodista: Ricardo Vasconcellos R.

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